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2 de abril al 8 de mayo 2026
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Lunes a viernes 10:00 a 17:00
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Acceso liberado
Valparaíso serigrafías
Mono González
Alejandro “Mono” González, Premio Nacional de Artes Plásticas 2025, nació en Curicó, en 1947. Su padre fue obrero y su madre, campesina. Estudió en la Escuela Primaria N°1 de esa ciudad. Ingresó en 1963 a la Escuela Experimental Artística en Santiago, de la que egresó en 1967; allí estudió junto a Fernando Marcos y Osvaldo Reyes y comenzó su aprendizaje del muralismo, influenciado por artistas como José Santos Chávez, Julio Escámez y José Venturelli. Durante ese tiempo, se une a las Juventudes Comunistas. En 1968 participa en un grupo de trabajo creando murales de propaganda, sin fines estéticos, durante la campaña del entonces candidato a la presidencia Salvador Allende. Al año siguiente, nace la Brigada Ramona Parra (BRP), con la cual seguirá trabajando durante los años siguientes y de la cual se distinguirá como un trazador de sus mensajes y rayados. En 1971, el pintor chileno Roberto Matta se decide a realizar el mural El primer gol del pueblo chileno junto a los jóvenes de la BRP y habitantes de la comuna de La Granja. La BRP en ese entonces se aboca a pintar murales en espacios públicos para socializar el programa del gobierno de la Unidad Popular. Ese mismo año, con motivo de la construcción del Hospital del Trabajador de Santiago, se llamó a concurso para crear un mural decorativo en las nuevas instalaciones. De las 15 postulaciones recibidas, el proyecto es encargado a los miembros de la BRP (entre ellos, “Mono” González). La obra fue entregada a la comunidad en 1972. En el mismo año, “Mono” se licenció en Diseño Teatral, en el Departamento de Teatro de la Universidad de Chile (sucesor del ITUCH).
Tras el golpe civil y militar de Augusto Pinochet, el Partido Comunista fue disuelto y, como tantos otros militantes, González debió entrar en la clandestinidad para el desarrollo de su actividad política y el trabajo con la BRP. Para subsistir junto con su familia, trabajó como carpintero y, bajo un nombre falso, desempeñó labores de tramoyista, pintor y escenógrafo en el Teatro Municipal de Santiago. Durante catorce años trabajó en la expresión artística escenográfica de obras como Don Quijote de la Mancha y Romeo y Julieta. Su estilo pictórico y de escenógrafo convergen en una sola propuesta iconográfica, caracterizada por el movimiento en las formas y el diálogo constante con el cuerpo, el gesto y el entorno, en especial respecto del empleo del color. Durante esos años, comenzó a conocer a personas relacionadas con el mundo cinematográfico de Chile, lo que lo lleva a participar en la creación de escenografías para la campaña televisiva del No, durante el plebiscito de 1988, proceso que derrocó la dictadura de Augusto Pinochet. Tuvo una destacada participación en la creación escenográfica de películas ícono del cine chileno tales como como La frontera, de Ricardo Larraín; Machuca, de Andrés Wood; y La danza de la realidad, de Alejandro Jodorowsky, además de la serie de televisión Ecos del desierto, también de Wood, y en diversos comerciales televisivos. Enseñó Producción de Arte en la carrera de cine de la Universidad de Artes y Ciencias Sociales (ARCIS) y ha impartido talleres sociales de muralismo, serigrafía y demás especialidades del arte urbano en distintas localidades del país.
Fue profesor del taller de Arte Urbano, grafiti y muralismo en la carrera de Artes y Oficios de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano (UAHC). También ha dictado cátedras acerca del trabajo iconográfico en zonas públicas, tanto en Chile como en Argentina, Holanda, Francia, Italia, Vietnam, Ucrania, Bélgica y Alemania, entre otros países en los cuales ha sido y sigue siendo invitado a desarrollar y compartir su sello pictórico y artístico-social. Su gran mural Vida y trabajo (2008), adorna la estación de metro Parque Bustamante desde el 2014, seguido por el mural pintado por su hijo Sebastián y Matus en los exteriores de la Estación Bellas Artes del Metro, en 2017. Ésta y otras de sus obras, trascienden el soporte efímero de las intervenciones en la calle, en beneficio de amplios conglomerados de población que transita a diario por la ciudad. “Mono” González ha recorrido el país impartiendo talleres y pintando murales, la mayoría de estos concebidos con participación comunitaria y enfocados en el fortalecimiento de identidades locales y temáticas. Destacan, entre muchos otros, sus murales en Arica, Camarones, Pisagua, Quintero, Valparaíso, Santiago, Placilla, San Rosendo, Laraquete, Lota y Puerto Natales. Un verdadero reconocimiento a la tan debatida como necesaria descentralización. En 2011, obtuvo el premio Altazor en la categoría de Diseño Gráfico e Ilustración por el libro 27 de febrero, en el cual plasma con técnicas propias las emociones de pobladores de Curanipe, afectados por el terremoto de 2010.
Mantiene desde 2015 la Galería Taller del Mono, espacio dedicado a la venta y exhibición de grabados y serigrafías, ubicada en el Persa Víctor Manuel. Asimismo, y en el mismo barrio Franklin, abrió en 2024 el Taller del Mono, lugar abierto a la creación e intercambio de obras. González publicó en 2017 el libro Cuaderno de piel, con una expresión más íntima. En 2023, publicó Carteles 73/23, el primero de una colección de cuatro libros. En 2025, publicó dos libros más, Xilografías 73/23 con una serie de trabajos con temáticas sociales desarrollados en ese año, y el libro Baldosas, recorrido de un diseño.
Desde su infancia, “Mono” González no ha cesado en desarrollar sus talentos al servicio de los demás, siempre en colaboración con otros y con una actitud formativa que le ha ganado el cariñoso apelativo de “maestro” entre sus pares. Fue apodado “Mono” cuando niño, por lo hiperactivo, condición que mantiene hasta el día de hoy, cuando se le puede ver en vivo y en streaming, como invitado a dar conferencias o a participar de conversaciones, o transitando por el Taller del Mono. Su trabajo también puede ser visto en el Museo a Cielo Abierto, de la comuna santiaguina de San Miguel, que suma ya 64 murales de dimensiones monumentales. El “Mono” también se mantiene vigente pintando y liderando talleres comunitarios de muralismo en Chile y el extranjero. González, desde sus inicios, concibió la obra pictórica para los demás, en cuanto medio de comunicación, sin nunca imaginarse que esa obra iba a tener su propia trascendencia.